...si entre escamas te vieras...
A mi parecer todo el mundo posee algún recuerdo de su infancia que de alguna manera ha logrado hacerse paso a través del tiempo y sigue tan fresco como el momento en que sucedió. La diferencia es que ahora tal recuerdo posee la crítica y perspectiva de los nuevos paradigmas y, peor aún, de los viejos crecidos y posiblemente retorcidos. Este que les traigo creo que tiene de todo un poco -la sonrisa lineal del Grinch se dibuja en mi rostro-.
Para el año de 1980 eramos tres los hermanos y yo el menor con escasos 4 años. Las reglas en casa nunca fueron confusas: primero que nada después de llegar del colegio había que recibir un baño sin olvidar el uniforme sobre la cama, luego a la mesa para el almuerzo que siempre
contaba de tres platos, seguido venía recoger la mesa y alistarla para la elaboración de tareas escolares y era entonces luego de ese último paso que se podía pensar en algún juego o incluso en prender el televisor de 19" blanco y negro empotrado en madera que respondía con fidelidad luego de unos 15 minutos de calentamiento y luego de afinar que la imagen no pasara de manera repetida en dirección vertical por culpa de un mal "tracking".Sin lugar a dudas del rito diario lo más importante o solemne era el momento de la comida. Creo que mi madre nunca pensó por un segundo en servirnos algo que no fuera saludable, fresco y no hecho en casa, pero por desgracia ese tipo de comida es el que menos atractivo presenta para los críos que están pendientes de basurita chuchera para llenar las barrigas. Teníamos prácticamente días definidos para carne, pollo, pesacdo y granos e igual que en el resto de los hábitos que empezabamos a formar había una regla clara: "teníamos que terminar con todo lo que contenían los platos pues la comida NO se bota".
Me imagino que reirán como aquel que recuerda una frase hecha o un cliché por demás desgastado cuando mencione que todo pasó un buen día de pescado en casa. Nos encontrabamos alistados, bañados y perfumados en la mesa. Ese día la comida era más saludable que nunca y extremadamente rica en Omega3. ¡Ese día fue el día de la revolución alimentaria!
Mi hermana la mayor pionera en esta sublevación, sin pensarlo mucho, convirtió el trozo de pescado que adornaba un cuarto de su plato en pescado volador al lanzarlo por la ventana del comedor para que aterrizara tres pisos más abajo y se lo comiera cualquier otro ser viviente menos ella. Lleno yo de la valentía más pura sigo el ejemplo que Caracas dió y mi trozo de pescado terminó no muy lejos del primero que fue lanzado. Sin embargo, mi hermana sandwich que se encontraba no en muy buena posición en la mesa para acertar un buen lanzamiento y decidió que su mejor oportunidad de escabullirse de semejante tortura protéica era echándolo en el bote de basura debajo de la mesa...no sabriamos sino minutos más tarde quién había cometido el mayor de los errores.
Habiendo cometido semejante crímen pues no podíamos tener expresiones más delatoras que esas que teníamos. Mi madre llegó al comedor y percató un aire enrarecido que se reafirmó con la ausencia total del pescado de nuestros platos más no del resto de la comida que apenas habíamos tocado debido al asombro que nos ahogaba por el atrevimiento de lo ejecutado. Si el sudor frío realmente tiene significado pues ese es el caso más representativo del concepto, y es que nuestra sudoración no fue normal cuando vimos a mamá dirigirse al cesto de basura que se encontraba a los pies de mi hermana intermedia en busca de evidencia que la delataría sin duda de tal fechoría.
Lo sucedido a continuación creo que sería bien censurado por la ley resorte o mordaza aquí en Venezuela pues incluyó una tunda como las que bien se recuerdan de esos tiempos. Mi pobre hermana fue castigada severamente por su falta y su lealtad no tuvo medida al callar durante toda su reprimenda la información del delito que los otros dos habíamos llevado a cabo. Realmente ahora no podría decir quién recibió el mayor castigo pues estoy seguro que mi sufrimiento por ella fue tan grande como el castigo que recibió y a esa corta edad recibí una lección de fidelidad que jamás olvidaría.
Hoy en día consumo el pescado muy seguido por conocer los beneficios que semejante ingesta genera. Lo consumo con gusto y con todo el respeto que amerita después de menudo aprendizaje.
A mi hermana sandwich que sonríe con gusto al comer...a mi hermana mayor quien no ha dejado de ser pionera en la vida...a mi mismo que aprende y aplica...¡buen provecho!

1 Comments:
me encantan mucho los "stories" de los 3 Riveros. Me parece hay suficiente materia para una telenovela :-)
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